Urge depurar la PNC


Por El Faro
Publicado el 30 de Enero de 2011

Dos de las armas involucradas en la masacre del microbús de Mejicanos pertenecían a oficiales de la Policía. Dos armas que terminaron en las manos de miembros de estructuras de crimen organizado capaces de perpetrar actos tan macabros como esa masacre.

Aún no sabemos, porque la Policía no ha querido dar información sobre esto, cómo llegaron esas armas hasta ahí. Pero las posibilidades no son muchas: o los oficiales se las dieron a la banda o los oficiales per dieron esas armas. La duda razonable evidencia ya las sospechas sobre una corporación policial infiltrada a una escala considerable por las bandas de criminales.

Hace pocos días se dio a conocer que algunos miembros de la PNC pertenecen también a los cárteles mexicanos de narcotraficantes. Se supo porque uno de ellos murió al norte de México en un tiroteo contra el Ejército de ese país. Ese policía había solicitado permiso temporal para ausentarse.

Dos hallazgos alarmantes, en apenas una semana. A ello podríamos agregar una larga lista de altos y medios mandos policiales investigados por la inspectora de la PNC bajo sospechas de utilizar el uniforme policial para dedicarse a otro tipo de actividades.

En este contexto, desde la Asamblea y algunos espacios mediáticos se lanzó desde el año pasado una campaña contra la inspectora, acusándola de actuar con sesgos ideológicos contra comisionados policiales más identificados con la derecha por provenir de las filas de los cuerpos de seguridad anteriores a la paz. Acusaciones que hoy parecen perversas, y más orientadas a defender a los investigados que a defender la institucionalidad policial.

La Policía Nacional Civil surgió tras los Acuerdos de Paz en sustitución a las oscuras fuerzas de seguridad que operaban antes: la Guardia Nacional y la Policía de Hacienda, cuya función estaba más orientada a reprimir y torturar que a imponer el orden. Con el fin de la guerra, pues, surgió la PNC como institución clave para responder a las necesidades de la nueva patria.

Es la única fuerza encargada de velar por la seguridad ciudadana y es justamente por ello que es una de las instituciones más importantes en todo el Estado. Y fue, durante los años posteriores a la firma de los Acuerdos, una institución modelo para América Latina y el mundo entero.

Ciertamente la PNC demostró una capacidad de trabajo conjunto entre antiguos enemigos sorprendente y esperanzadora. Pero poco a poco algunos de sus miembros fueron objeto de corruptelas y sectarismos. Desde el crimen organizado a los partidos políticos y grupos religiosos, la PNC se fue descomponiendo porque algunos de sus miembros comenzaron a servir a otro tipo de intereses.

Es tiempo ya de admitir que tenemos una institución policial enferma y que merece intrvención inmediata. El Salvador enfrenta ahora una gran amenaza del crimen organizado, en medio de una crisis de seguridad pública que requiere de todos los recursos del Estado para hacerle frente.

Es necesario que la inspectoría de la policía sea respetada y que la PNC sea depurada urgentemente, una vez más. La ciudadanía necesita saber que cuenta con una policía que la protege, y no que es cómplice de quienes amenazan la paz y la seguridad pública. Necesitamos una policía fuerte, confiable, limpia, y eso solo es posible con elevados niveles de control y de inspectoría.



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