Precisiones sobre trata y prostitución

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Por Laura Aguirre
 
Publicado el 5 de Noviembre de 2012
 
 
Cuando comencé mi trabajo sobre mujeres migrantes en la prostitución, me motivaba la indignación ante la realidad de muchas centroamericanas que, al dejar sus países, caían presas de redes transnacionales de trata que las forzaban a prostituirse. Me sorprendió la gran cantidad de informes, reportes, artículos, documentales, reportajes, políticas, programas, leyes que se han producido alrededor del mundo desde finales del Siglo XX, cuando la trata de mujeres se convirtió en un tema permanente en la agenda de la Naciones Unidas. Todo un mundo comprometido con el combate de este crimen transnacional que ha arrancado a cientos de mujeres y niñas de sus hogares y con rescatarlas del peor de los flagelos: la prostitución, ahora llamada por muchos esclavitud sexual.
Después de un tiempo me encontré con que el fenómeno de la trata de mujeres no es tan blanco y negro como me lo habían pintado. Me di cuenta de que el delito de trata, la mayoría de veces, aparece confundido con la migración de mujeres y con la prostitución. Tan simple que suelen presentarse como sinónimos. 

 

 En primer lugar, la migración irregular de mujeres no es sinónimo de trata, y la trata no es sinónimo de prostitución. Aunque en la Convención de las Naciones Unidas contra el Crimen Organizado Transnacional la trata ha sido definida ampliamente, la trata con fines de prostitución se ha convertido en el objetivo principal del discurso e intervenciones ignorando todas las otras formas que existen. No todas las víctimas de trata son prostitutas, no todas las prostitutas son víctimas de tráfico.

La confusión entre trata y prostitución proviene de los planteamientos de cierto sector social (que conjunta políticos, académicos, activistas, feministas, religiosos…) que define la prostitución en todos los casos como explotación sexual e inherentemente violenta para las mujeres. Y la trata como la expansión global de esta violencia. Aunque definitivamente existen casos de coerción y violencia dentro de la industria sexual, no es posible ni realista generalizarlos. La imagen de la mujer engañada, encadenada y en total situación de explotación sexual no es lo mismo que una mujer que trabaja en el comercio sexual.
 
 
La industria sexual es absolutamente diversa y compleja. Incluye mujeres, hombres, homosexuales, transexuales en mercados locales o transnacionales. Algunas de estas personas ejercen el trabajo sexual por muchos años, otras solo por temporadas, algunas unos meses. Para unas es la estrategia principal de subsistencia, para otras es complementaria. Algunas entran por voluntad propia, otras llevadas por las circunstancias y otras enfrentan momentos de coerción. Algunas tienen mucho control sobre sus vidas y otras no tanto. Algunas ejercen en sus países, otras se mueven hacia otros o van y vienen.
Como migrantes, algunas mujeres en el comercio sexual viajan con visas, otras tienen que ocupar coyotes o redes de tráfico, otras lo hacen solas. Unas ya saben el trabajo que van a realizar, otras ya lo hacían en sus países, algunas se incorporan en el camino, otras aunque no les gusta lo prefieren a otras labores. La vida de las personas en la industria sexual, como en muchas otras, no es dicotómica: no es que o están completamente libres y empoderadas en lo que hacen o están completamente forzadas y victimizadas.
 
 
En segundo lugar, aunque parece haber un consenso sobre el hecho de que la trata de mujeres, especialmente para la explotación sexual, es un fenómeno de gran magnitud que junto al crimen organizado crece sin parar; hasta el momento no existen datos empíricos (estadísticas, mediciones) fiables para sustentar esto.
En los materiales periodísticos y documentales es habitual encontrar cifras, estadísticas y referencias sustentadas en una variedad de reportes e informes para hablar de la magnitud de la trata/ prostitución/ migración de mujeres. Como mucho se ha señalado ya, el carácter clandestino de estos tres fenómenos hace imposible tener datos certeros. Lo que realmente se tiene son generalizaciones a partir de los casos particulares más extremos y cálculos dudosos que combinan flujos migratorios con flujos de trata y prostitución.
 
 
La UNESCO en el 2005 llevó a cabo una revisión y análisis de los datos existentes sobre trata de personas con el objetivo de separar “los mitos de las realidad sobre el tráfico/trata”. Concluyó que: “En lo que respecta a estadísticas sobre trata de niñas y mujeres el tema es tan emotivo que parece desbordar las facultades críticas. Los números toman vida propia, ganan aceptación a través de la repetición, a menudo con poca investigación. (…) Las organizaciones se sienten obligadas a suministrar números, entregando para muchos reportes mediciones falsas o espurias”.
En tercer lugar, suele señalarse como causas principales de la existencia y crecimiento de la trata la pobreza, la falta de medios de subsistencia y las desigualdades estructurales. Sin embargo, estos fenómenos no son en sí mismos los creadores de la trata. Lo que sí crean son las condiciones para que las personas decidan y puedan moverse incluso en circunstancias de vulnerabilidad hacia lugares con sectores económicos que demandan mano de obra migrante.
En el discurso dominante el problema se le sigue achacando solo a las condiciones de los países de origen. Creo que es imprescindible no olvidar que el fenómeno de la trata es también un fenómeno impulsado por la demanda de mano de obra precaria en diversos mercados legales e ilegales globales.
En cuarto lugar, las confusión entre migración, prostitución y trata ha llevado a plantear soluciones simplistas que han derivado en mayores vulnerabilidades para las mujeres migrantes, especialmente para aquellas en el comercio sexual.
 
 
Muchas de las leyes y políticas nacionales y transnacionales de combate contra la trata son estrategias anti-prostitución y las acciones de rescate suelen estar enfocadas en la detección, detención y repatriación de las consideradas esclavas sexuales. Otra estrategia es el mayor control y vigilancia de los estados sobre los flujos migratorios, reforzar las fronteras y restringir la migración en los países de origen. Muchas organizaciones de trabajadoras sexuales señalan que esto no le quita el deseo, ni inhibe, la decisión de muchas mujeres a migrar, solo las hace más dependientes de las redes ilegales de tráfico y por consiguiente más propensas a caer presas de una red de trata. Y en los lugares donde laboran las hace más vulnerables a la violencia pues no pueden recurrir a las autoridades por el riesgo de ser automáticamente victimizadas o criminalizadas.
 
 
Las confusiones en el discurso dominante sobre trata de mujeres son el centro de las fallas para abordar las problemáticas en torno a la migración femenina, entre ellas la trata. Han provocado estrategias inadecuadas para la erradicación el delito y no han contribuido a crear acciones para hacer más seguros los desplazamientos de las mujeres indocumentadas, ni a reconocerles derechos de movilidad y trabajo en los lugares de destino. Lo que sí es cierto es que estas estrategias y acciones al menos dan la sensación de que algo se está haciendo.

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