La zapatería que odia a las mujeres


La zapatería que odia a las mujeres

Julia Evelyn Martínez (*)
  | Lunes, 16 Noviembre 2015

La rutina es la misma Cada cierto tiempo, en el mes de noviembre,  la zapatería MD aprovecha la conmemoración del Día en Contra de la Violencia hacia las Mujeres para lanzar una campaña que promueve el odio hacia las mujeres y banaliza las luchas sociales en favor de la igualdad y el derecho a vivir una vida libre de violencia. En el pasado esta zapatería ha asociado  la compra de zapatos de las mujeres con la envidia entre mujeres, el odio hacia los hombres  y con actividades delictivas realizadas por las maras. Después logró relacionar una colección de zapatos “de muerte” con el incremento en los feminicidios, y ahora, se burla de la lucha del feminismo por construir una sociedad en donde hombres y mujeres tengan los mismos derechos y oportunidades, para reducirlo a un cliché, esto es, a la posibilidad de una mujer de poner una garrafa de agua en el enfriador y/o de mojar sus zapatos en un charco. 
Como ocurre usualmente, estas campañas generan controversias. Provocan  alguna que otra reacción aislada de indignación  entre las organizaciones de mujeres y/o mensajes de protesta en las redes sociales de la empresa, que son eliminados de estas cuentas.  Excepcionalmente la institucionalidad del Estado responsable de garantizar la igualdad y el derecho a una vida libre de violencia de las mujeres (ISDEMU, PGR, PDH) hace una tímida declaración en contra de la campaña. Pero al final el resultado es el mismo: la zapatería aumenta sus ventas, se beneficia de publicidad gratuita y, su mensaje de odio hacia las mujeres y hacia lo femenino queda sembrado  en el imaginario social popular  de quienes compran y no compran sus zapatos.
 ¿Por qué  la zapatería MD continua recurriendo a esta publicidad  “políticamente incorrecta”  (e incluso ilegal) en un país como El Salvador que cuenta con una amplio marco jurídico institucional que prohíbe y sanciona  las expresiones de odio y de burla hacia las mujeres?.
Las motivaciones de  esta conducta  empresarial son variadas,  pero tienen en la base un denominador común: MD es una empresa misógina, una empresa que a pesar de obtener altos niveles de rentabilidad de la venta de zapatos a las mujeres, las odia, a ellas y a todo lo que tenga que ver con lo femenino. La zapatería MD no quiere solo ejercer control y dominio sobre las mujeres, sino que quiere verles humilladas, despreciadas y  sí es posible,  verlas muertas.
La misoginia es equivalente a la homofobia y al racismo, y como ellas, es dañina para la sociedad, y debe ser denunciada, perseguida, sancionada y erradicada, ya  sea ésta una conducta individual, colectiva, institucional o empresarial.
Pero asumamos este asunto con objetividad. Las instituciones que podrían hacer algo al respecto (ISDEMU, Ministerio de Gobernación, Defensoría del Consumidor) no tienen la capacidad ni la voluntad de perseguir ni de sancionar la conducta misógina de la zapatería MD. Las gremiales empresariales que tanto exhortan a la responsabilidad social empresarial (FUNDEMAS, Asociación de Medios Publicitarios, Consejo Nacional de la Publicidad) tampoco  moverán un dedo en contra de una empresa que se considera modelo exitoso de negocios y fuente de jugosos contratos publicitarios. Por su parte,  las pocas  organizaciones feministas “históricas”  que aún sobreviven al proceso de “oenegización” o de institucionalización en el Estado, están tan dispersas y debilitadas, que difícilmente podrían tener el liderazgo necesario para  la construcción de la contra hegemonía frente a la campaña de MD, más allá de conferencias y uno que otro comunicado de prensa.
Entonces: ¿Quién o quienes podrían ponerle el “cascabel” a la zapatería MD y al resto de empresas misóginas que actúan impunemente en El Salvador? No sé exactamente sus nombres, ni tampoco conozco los espacios de organización e incidencia en los cuáles actúan. Pero les he visto, les he escuchado y les he leído. Son jóvenes, hombres y mujeres, que se mueven entre las aulas universitarias y las redes sociales, que aceptan y respetan la  diversidad tanto la diversidad sexual como la diversidad de opciones políticas, que creen profundamente en el respeto a la libertad y a la dignidad de las personas, y que a diferencia de las generaciones que les hemos precedido, tienen las capacidades, la generosidad y la potencialidad de transformarse en agentes de cambio de la sociedad patriarcal.
No son todos ni todas, pero sí son la masa crítica de juventud que necesitamos para hacer diferentes las cosas. Acompañémosles, apoyémosles,  sí se deciden a tomar esta nueva bandera en sus luchas. No tenemos más que perder, pero sí mucho que ganar.

(*) Columnista de ContraPunto.