Cómo tener una separacion o divorcio sano y no morir en el intento.

LPRENSA


Destruir la reputación del otro, hostigar su espaciolaboral, usar a los hijos como armas de corto alcance y otras tácticas de guerra ‘non sancta’ son 'armas' muy destructivas en medio de un proceso de divorcio. Conozca la importancia de tener un divorcio sano, en medio del respeto.

NO INFESTAR AL TERRENO LABRAL

Una cosa es la vida personal y otra, muy distinta, es el entorno laboral de una persona. Para construir una carrera y una reputación profesional nos preparan desde niños, y nuestra carrera nos acompañará aunque se acabe el matrimonio. “Asaltar la oficina del ‘ex’ con escándalos públicos, con insultos, con gritos, o intentar convencer a todos los colegas del ‘ex’ de la pésima persona que es, no solo degrada al otro sino, sobre todo, a nosotros mismos”, dice la economista Pilar Patiño, quien lo vivió en carne propia.

Además es un arma de doble filo: con una persona que trasgrede estos límites laborales y arma escándalo, todos comprenderán por qué la relación no funcionó y se solidarizarán con el que era, en principio, el “malo de la película”.

NO INVADIR EL ESPACIO FAMILIAR DE MI 'EX'

Se da el caso de personas despechadas, que se sienten moralmente justificadas para destruir la vida familiar de su ‘ex’ pareja. Llaman a toda su familia, desde los primos lejanos hasta los abuelos, lloran por teléfono ante las tías, agobian a los padres del ‘ex’ con su pose de víctima y finalmente logran destruir la red de soporte emocional de la ex pareja.

Estas lesiones son duraderas, son injustas pues no se mantiene la disputa en el terreno de la pareja sino que termina extendiéndose como la onda de una bomba atómica hasta arrasar todo lo que toque a su paso. Con la familia del otro, mejor no meterse.

SOBRE LOS AMIGOS EN COMÚN

Por una tendencia muy humana, los amigos van a escuchar las versiones de uno y otro y tenderán a solidarizarse con quien adopte el rol de la víctima abandonada.

Los amigos en común terminan, usualmente, siendo repartidos igual que los muebles, que los libros, que la cama, que el carro, que las propiedades en común. Al estilo: “Jorge e Iván para ti, y los demás 114 amigos para mí”.

Los problemas de la pareja son de la pareja y de nadie más. Como amigos, debemos conservar distancia y suma prudencia en opiniones y consejos. Los amigos no tienen por qué tomar partido en una disputa de esposos, pues nadie sabe a ciencia cierta qué hay en el fondo de una relación fracturada. Sorpresas te da la vida...

EL OTRO, ¿QUIERE SER PERDONADO?

“Yo te perdono tu infidelidad. Volvamos a estar juntos como si nada”, es la reacción inicial de quienes no conciben su vida sin su pareja. Sin embargo, no basta con que usted quiera volver o esté dispuesto a perdonar. ¿Se ha puesto a pensar si el otro quiere ser perdonado? ¿Si quiere volver con usted? ¿O si aún lo ama al menos? Una relación es de dos, y como diría Julio Cortázar, los puentes no se sostienen de un solo lado.

También se da el peligro de quienes están dispuestos a perdonarlo todo pero, al sentirse rechazados, inician la campaña de desprestigio más asesina de que se tenga noticia.

HIJOS, NO ARMAS DE GUERRA

Este es el punto más álgido del divorcio. Requiere amor, equilibrio, madurez, talla personal, que son bienes bastante escasos cuando las heridas son profundas. Usar a los hijos como arma para herir al otro es lo peor que puede hacerse, porque en el camino se lesiona también la autoestima y el mundo emocional de los menores de edad que, al no tener una estructura adulta, no están blindados contra todo el daño que esta situación les causará.

Sacar a los hijos de la disputa es el primero y más importante de los mandamientos del buen divorcio. Preservar su equilibrio emocional y hablar claro debe ser la prioridad de ambos padres.

MI FAMILIA CONTRA TI

Imagine una pelea callejera donde una persona solitaria es atacada en manada por otros 30 encapuchados. ¿Suena injusto, verdad? Entonces no hay justificación para que la familia se involucre en la tarea activa de destruir a la pareja de su ser querido. Suegras, a callar. Suegros, a refrenar los impulsos defensivos y sobreprotectores. Cuñados, primos, hermanos, comprendan que la pareja es de dos, y que su rol debe ser de apoyo para sostener a su familiar, no de aplanadora para triturar al ’ex’.

Se consultó el caso de una mujer que, para poner a su ‘ex en aprietos y evitar que la dejara, le dijo: “Prometiste a mis padres cuidarme, ahora tienes que devolverme a mi casa y darles la cara por lo que me hiciste”. Su pareja la subió al coche, la llevó y la entregó. ¿Quién ganó?

NO JUGAR A LA VÍCTIMA

Cuando la actriz Jennifer Anistón fue abandonada por Brad Pitt, quien se enamoró perdidamente de Angelina Jolie durante el rodaje de una película, fue a consulta con una famosa psicóloga de celebridades y esto le dijo: “No interpretes el papel de la vítima. Empodérate de lo que ocurrió. Así sea en el 1%, tuviste parte de responsabilidad en lo que pasó con la relación, entonces no es legítimo ni sano victimizarte”.

Esas sabias palabras podrían dar luz a muchas personas que atraviesan las amargas aguas del divorcio: no jugar a la víctima, porque al hacerlo estamos admitiendo que no tenemos ningún control sobre la situación y eso solo conduce a la frustración, la rabia, el odio y el resentimiento. En cambio, ser consciente de que hay parte y parte de responsabilidad, ayuda a liberar.

VIVA EL DUELO

El psicoterapeuta, especialista en terapias individuales y de pareja, Lucio David Gonzáles, explica que después del divorcio viene el duelo. Esa etapa de dolor, que a veces se caracteriza por la negación o la culpabilidad. Aconseja tener mucha paciencia y hablar acerca de lo sucedido con amigos y conocidos, al igual que alejarse de la persona con la que compartió su vida.
“Cuando una pareja se separa y se quiso muchísimo, viene el duelo. Es como si se perdiera a alguien, como si muriera un ser querido. Durante el duelo, lo mejor es que no se vean, porque la pareja muere psicológicamente”, explica el doctor Gonzáles.

El promedio de duración de un duelo es de dos años. “Antes de ese tiempo, lo mejor es que se alejen. Que si trabajan en la misma empresa busquen otros trabajos, o si viven en el mismo barrio, lo mismo. Cuando hay hijos de por medio, se aconseja que compartan tiempo cada uno por separado”.

Los terapeutas naturales son los amigos. Mientras más se habla de lo sucedido, se asume con más naturalidad. Eso sí, aléjese de los amigos que envenenan.

Recuerde que ”después de la muerte viene la resurrección. Después del divorcio, viene una vida nueva”, asegura el psicoterapeuta.

Un dato: cuando una pareja se separa y tiene hijos, mientras más pequeños sean más secuelas quedan. No se confunda.

“Las mujeres con un divorcio o los hombres con por lo menos dos divorcios son más propensos a tener un infarto que las personas con un matrimonio estable”, resultado que arroja un estudio del Instituto de Investigación Clínica de Duke, Durham, Carolina del Norte, Estados unidos.

LOS HOMBRES ¿SUFREN MÁS?

Tal vez la mujer sea más propensa a expresar de manera externa sus emociones de duelo, tal vez pueda llorar con mayor facilidad o quiera hablar horas y horas con sus amigas hasta darle sentido a lo ocurrido.

Eso no quiere decir que el divorcio sea peor para la mujer que para el hombre, es solo que culturalmente la forma en que ellos expresan el dolor es más contenida, menos melodramática. Pero no menos intensa.

Para la psicóloga Silvana Iannini, el divorcio tiende a tratar peor a los hombres en el terreno de los acuerdos económicos, y también en el costo oculto de desprenderse de la convivencia diaria con los hijos.

Un estudio de la Universidad de Kinston, Reino Unido, demuestra que las mujeres son más felices que el hombre tras el divorcio. Al año y medio de la ruptura, ellas son más felices, y ese mismo nivel de felicidad lo alcanzan ellos al quinto año del final de la relación. Hagan cuentas.

Uno no debe meter a los hijos en el problema ni utilizarlos para hacerle daño al otro. Los niños merecen que sus padres tengan una relación cordial”, Frauky Jiménez, psicóloga clínica. No se debe atacar a la persona si ya tiene otra pareja. Se debe entender que en una separación la vida sigue y el otro tiene derecho a rehacer su vida”, Frauky Jiménez.

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